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Cuánto gasta el Estado uruguayo en políticas de género y diversidad
El feed de compras públicas no tiene una etiqueta de «política de género»: hay que reconstruirla desde el texto que escribió cada funcionario. Al hacerlo aparecen tres cosas que el debate público casi nunca menciona: el gasto medible es chico, está concentrado en una sola red de atención a víctimas de violencia, y ocho de cada diez contratos del rubro no tienen monto cargado.
El punto de partida
Por qué esto no se puede consultar directamente
El portal de Compras Estatales publica qué se compró, a quién y por cuánto, pero no publica para qué política. No existe un campo «área de política», ni un organismo comprador llamado Inmujeres —el Instituto Nacional de las Mujeres compra a través de la unidad ejecutora del MIDES—, ni un rubro del catálogo que agrupe el tema. Lo único que queda es el texto libre que un funcionario escribió al cargar el llamado.
Entonces se reconstruye desde ahí, con una lista de términos publicada y auditable. Y reconstruir desde texto tiene trampas concretas que hay que matar antes de sumar un solo peso: en la jerga de compras uruguaya «género» también significa TELA, «trans» aparece dentro de «transporte» y «transferencia», el «Plan de Equidad» era una transferencia monetaria del MIDES sin relación con el tema, y «diversidad» sola trae a la Dirección Nacional de Biodiversidad.
Hallazgo 1
El gasto es chico y está concentrado en una sola red
De todo lo detectado, la mayor parte no es capacitación ni campañas: es atención a mujeres en situación de violencia. La red ComunaMujer de la Intendencia de Montevideo y el sistema de respuesta en violencia basada en género concentran la enorme mayoría del dinero medible. Un solo comprador —la Intendencia de Montevideo— explica la mayoría del total.
Puesto contra lo que esos mismos organismos gastaron en todo lo demás, el tema es una fracción muy chica de su presupuesto de compras. Intendencia de Montevideo: 77%. Atención a víctimas de violencia + Red ComunaMujer (IM): 96%.
Composición del gasto medible
Hallazgo 2
Cinco organizaciones se llevan casi todo
Del lado del proveedor la concentración es todavía más marcada: cinco organizaciones de la sociedad civil reciben la enorme mayoría del gasto medible. No son empresas: son ONG y fundaciones especializadas, que ganan llamados a organizaciones de la sociedad civil convocados por la Intendencia de Montevideo y por el MIDES. 98%.
Esto no prueba irregularidad: en llamados dirigidos a OSC especializadas el universo de oferentes posibles es chico por definición. Pero es un dato de concentración que merece revisarse, y cada proveedor está enlazado a su ficha completa en el sitio.
Principales proveedores
Cuando un contrato tiene más de un adjudicatario, el monto se le imputa entero a cada uno: la fila del proveedor es un techo, no una liquidación.
Hallazgo 3
El agujero: ocho de cada diez contratos no tienen monto
Este es el hallazgo incómodo, y no es sobre política de género: es sobre transparencia. La mayoría de los contratos que caen en el tema figuran en el feed sin ningún monto cargado. El total que publicamos, entonces, es un piso, no una cifra final — y no hay forma honesta de estimar el resto desde los datos abiertos.
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contratos no tienen monto cargado en el feed
La falta de carga no se reparte parejo: se concentra en los registros más viejos y en la unidad ejecutora histórica del MIDES. Cualquier cifra que circule sobre «cuánto gasta el Estado en género» —para arriba o para abajo— está construida sobre este mismo agujero.
El cruce político
Qué se puede y qué no se puede decir sobre partidos
A cada contrato se le puede adosar quién gobernaba el organismo el año en que se registró, usando el registro electoral público. Eso es contexto, no atribución: nadie firma un contrato «por» un partido.
Y hay una trampa que invalida el ranking crudo: la Intendencia de Montevideo explica la mayor parte del gasto medible y fue gobernada por el mismo partido durante todo el período. Un ranking de pesos por partido mide quién gobierna Montevideo, no quién gasta en género. Por eso la comparación se publica normalizada: cuánto del gasto propio de esos organismos fue al tema.
- Frente Amplio
10.4de cada 10.000
- Partido Nacional
2.3de cada 10.000
Ahora mismo
Lo que está licitándose esta semana
Cierra 26/10/2026
Cierra 29/10/2026
El método
Cómo se construyó, y qué se tiró a la basura
Dos etapas. Primero reglas: una lista de términos con guardas por contexto —la que evita que «esterilla de género» o «metros de género para cortinas» entren como política pública—. Después, un modelo lee el contrato completo y decide si realmente pertenece al tema y en qué categoría cae. Solo lo que sobrevive a las dos etapas suma.
Los descartes se guardan y se publican, porque un tema reconstruido desde texto solo es auditable si se puede ver qué quedó afuera. Entre los falsos positivos que el clasificador sacó hay joyas: una compra de lombrices «(GENERO EISENIA FOETIDA)», un aire acondicionado para un sector llamado «Género» dentro de una dirección de RRHH, y bolsas de tela.
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Cómo leer esta investigación
Todas las cifras salen de los datos abiertos de Compras Estatales (OCDS) y se recalculan cada lunes. El total es un piso: la mayoría de los contratos del tema no traen monto cargado en el feed.
La página no dice si este gasto está bien o mal, ni si las políticas funcionan. Los datos de compras no contienen resultados de política; contienen compras.
El partido gobernante se muestra como contexto electoral del año de cada contrato. No implica que un partido haya decidido, causado ni ejecutado esa compra.
La clasificación temática usa un modelo de lenguaje en su segunda etapa. Puede equivocarse; por eso cada contrato conserva el motivo de su clasificación y la lista de descartes es pública.