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Investigación · Series

Qué compra el Estado cuando compra palabras

La pregunta circula seguido: ¿el Estado gasta en adoctrinar? Las compras públicas no registran intenciones, registran compras — así que fuimos al catálogo. En sus 84.011 artículos vigentes no existe un código para un currículo, un texto escolar, una guía docente ni un programa educativo. El Estado no tiene forma de comprar una idea. Lo que sí compra, por 11.000 millones de pesos, es el vehículo que la transporta.

Montos prorrateados por línea4 capas · 221 códigosSin búsqueda por palabras

La pregunta

Qué se puede decidir con esta base y qué no

Adoctrinar es una intención. Un registro de compras no guarda intenciones: guarda qué se compró, a quién y por cuánto. Ninguna base de contrataciones del mundo puede probar que un gasto buscaba formar una opinión, y este sitio no va a fingir lo contrario.

Pero hay una pregunta vecina que sí se puede contestar con precisión: ¿el Estado compra contenido? Es decir, ¿le paga a alguien de afuera para que escriba lo que se enseña o lo que se dice? Eso deja rastro obligatorio, porque toda compra pública se carga contra un código del catálogo de artículos. Si el contenido se comprara, existiría el código.

El método

Por qué esto no se hizo buscando palabras

La forma obvia de armar esta nota sería buscar «impresión» o «publicidad» en el texto de los contratos. Lo probamos y da un número falso: los contratos más grandes que contienen la palabra «impresión» son las compras de PAPEL PARA IMPRESIÓN Y FOTOCOPIADO y CUADERNOLAS de Primaria. Sumar eso da unos 5.000 millones de pesos de útiles escolares contados como si fueran imprenta.

Por eso el conteo se hace sobre el catálogo, código por código, con los montos que ya vienen prorrateados por línea y por proveedor. Cada código cae en una sola capa, así que las cuatro suman el total sin contarse dos veces.

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Cómo leer esta investigación

Los montos salen de los datos abiertos de Compras Estatales (OCDS), normalizados a pesos y prorrateados por línea. Son lo que efectivamente se imputó a cada código del catálogo, no el total de los contratos que lo contienen.

Que no exista un código de catálogo para «currículo» no prueba que nadie influya sobre lo que se enseña. Prueba algo más chico y más útil: que esa influencia, si existe, no se ejerce comprándola, y por lo tanto no se investiga con esta base.

Comprar publicidad no es adoctrinar. Un Estado comunica campañas de vacunación, de seguridad vial y de trámites. Esta página muestra cuánto y a quién, y deja el juicio al lector.

Los mayores receptores incluyen organismos públicos vendiéndole a otros organismos públicos. Están a la vista, sin corregir, porque así figura en la fuente.

Fuentes