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ExpedienteMensajes del EstadoTodo el Estado · catálogo SICE + datos abiertos OCDSRecalculado el 01/11/2026

Investigación · Series

Qué compra el Estado cuando compra palabras

La pregunta circula seguido: ¿el Estado gasta en adoctrinar? Las compras públicas no registran intenciones, registran compras — así que fuimos al catálogo. En sus 84.011 artículos vigentes no existe un código para un currículo, un texto escolar, una guía docente ni un programa educativo. El Estado no tiene forma de comprar una idea. Lo que sí compra, por 11.000 millones de pesos, es el vehículo que la transporta.

Montos prorrateados por línea4 capas · 221 códigosSin búsqueda por palabras
$ 11,11 mil M
en vehículos para un mensaje
impresión, publicidad, cursos y publicaciones
0
códigos de contenido curricular
en un catálogo de 84.011 artículos vigentes
48.750
contratos
detrás de esas cuatro capas
54%
es publicidad
la capa más grande: comprar que te escuchen

La pregunta

Qué se puede decidir con esta base y qué no

Adoctrinar es una intención. Un registro de compras no guarda intenciones: guarda qué se compró, a quién y por cuánto. Ninguna base de contrataciones del mundo puede probar que un gasto buscaba formar una opinión, y este sitio no va a fingir lo contrario.

Pero hay una pregunta vecina que sí se puede contestar con precisión: ¿el Estado compra contenido? Es decir, ¿le paga a alguien de afuera para que escriba lo que se enseña o lo que se dice? Eso deja rastro obligatorio, porque toda compra pública se carga contra un código del catálogo de artículos. Si el contenido se comprara, existiría el código.

Hallazgo 1

El catálogo no tiene un código para una idea

El catálogo SICE es la lista de todo lo que el Estado uruguayo puede comprar: tornillos, tomografías, horas de vigilancia, pasajes. Cada línea de cada contrato se imputa a uno de esos códigos. Buscamos ahí los términos que usaría cualquiera que sospeche de contenido comprado.

  • «currículo»Ningún código
  • «texto escolar»Ningún código
  • «guía docente»Ningún código
  • «programa educativo»Ningún código
  • «educación sexual»Ningún código
  • «material educativo»Ningún código
  • «adoctrinamiento»Ningún código

Lo único que aparece:

La conclusión no es que no exista contenido educativo: existe, y se produce adentro del Estado —programas, currículo y formación docente los hacen funcionarios en la ANEP, con sueldo, no con una orden de compra—. La conclusión es que ese contenido no pasa por el circuito de compras, y por lo tanto no se puede auditar por acá. Quien quiera discutirlo tiene que ir a las actas del CODICEN, no a las licitaciones.

Hallazgo 2

Dónde sí está la plata: el vehículo, no el mensaje

Lo que el Estado sí compra en volumen es todo aquello que lleva palabras encima. Cuatro capas, sin superposición entre ellas: cada código del catálogo se cuenta una sola vez.

La capa más grande es la publicidad: más de la mitad del total. Le sigue la imprenta —folletos, formularios, libretas, afiches— y recién después los cursos y los libros. El Estado gasta bastante más en que lo escuchen que en enseñarle algo a sus propios funcionarios.

Publicidad y propaganda

$ 6 mil M

33 códigos · 16.299 contratos

Espacio en medios, spots, vía pública y asesoramiento publicitario. Es la única capa donde el Estado compra explícitamente convencer.

Cursos y capacitación

$ 1,23 mil M

54 códigos · 5.962 contratos

Horas de aula compradas a terceros para funcionarios del Estado. Quién enseña, y qué, se decide contrato por contrato.

Libros, revistas y publicaciones

$ 746 M

28 códigos · 9.405 contratos

Lo que el Estado compra ya escrito por otro: libros, revistas, suscripciones.

Servicios de impresión

$ 3,13 mil M

106 códigos · 17.084 contratos

El vehículo, no el mensaje: imprimir folletos, libros, formularios, afiches. Es la capa más cara de todas.

Las cuatro capas

Por año

Suma de las cuatro capas. Los años más viejos tienen menos montos cargados, así que la serie no es comparable hacia atrás.

La publicidad oficial tiene su propia página, con el detalle por medio receptor. Ver pauta oficial

Hallazgo 3

Quién cobra por las palabras del Estado

Los montos están prorrateados por línea y por proveedor, así que estas son cifras de cobro, no totales de contrato. Dos cosas saltan al mirarlas.

La primera: en varias capas el mayor receptor es el propio Estado. En libros y publicaciones encabeza la Dirección Nacional de Impresiones y Publicaciones Oficiales; en cursos aparecen direcciones nacionales cobrándole a otros organismos. Es dinero público que cambia de bolsillo dentro del Estado, no una fuga.

La segunda: en cursos, el negocio de enseñarle al Estado está repartido entre fundaciones universitarias, institutos de idiomas, un sindicato y el instituto de normas técnicas. No hay un proveedor dominante.

La advertencia

Un contrato de afiches que valía 3.300 veces menos

Al armar esta nota apareció un número imposible: la imprenta parecía la capa más cara del Estado, con 8.400 millones. Más de la mitad venía de un solo contrato de 2019 del CODICEN: 9.600 afiches de Zonalectura a 478.080 pesos cada uno. A ese precio, un afiche costaría más que un auto.

Es el artefacto de monto que este sitio ya documenta: quien cargó la compra puso en «precio unitario» el precio de todo el lote, y el cálculo lo multiplicó por la cantidad. Encontramos tres casos del mismo tipo dentro de esta capa. Los tres están excluidos de todas las cifras de esta página, y están acá abajo para revisarlos uno por uno.

Sin esa corrección, el titular de esta nota habría sido falso por un factor de más de tres mil.

El método

Por qué esto no se hizo buscando palabras

La forma obvia de armar esta nota sería buscar «impresión» o «publicidad» en el texto de los contratos. Lo probamos y da un número falso: los contratos más grandes que contienen la palabra «impresión» son las compras de PAPEL PARA IMPRESIÓN Y FOTOCOPIADO y CUADERNOLAS de Primaria. Sumar eso da unos 5.000 millones de pesos de útiles escolares contados como si fueran imprenta.

Por eso el conteo se hace sobre el catálogo, código por código, con los montos que ya vienen prorrateados por línea y por proveedor. Cada código cae en una sola capa, así que las cuatro suman el total sin contarse dos veces.

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Cómo leer esta investigación

Los montos salen de los datos abiertos de Compras Estatales (OCDS), normalizados a pesos y prorrateados por línea. Son lo que efectivamente se imputó a cada código del catálogo, no el total de los contratos que lo contienen.

Que no exista un código de catálogo para «currículo» no prueba que nadie influya sobre lo que se enseña. Prueba algo más chico y más útil: que esa influencia, si existe, no se ejerce comprándola, y por lo tanto no se investiga con esta base.

Comprar publicidad no es adoctrinar. Un Estado comunica campañas de vacunación, de seguridad vial y de trámites. Esta página muestra cuánto y a quién, y deja el juicio al lector.

Los mayores receptores incluyen organismos públicos vendiéndole a otros organismos públicos. Están a la vista, sin corregir, porque así figura en la fuente.

Fuentes