Cómo leer esta investigación
No es un informe optimista ni pesimista: es un conteo. Cada indicador se clasificó con la misma regla mecánica, sin elegir cuáles mostrar. Los que empeoraron van primero y con nombre propio. Si el resultado se inclina hacia la mejora es porque las series se inclinan hacia la mejora, no porque se hayan elegido las series.
Un promedio nacional esconde una distribución. Que la pobreza haya caído a 8,3% no dice nada sobre quién quedó adentro: la pobreza infantil sigue en 20,1% y el egreso del liceo es de 30,5% en el nivel socioeconómico muy bajo contra 84,8% en el muy alto. Un indicador país que mejora es compatible con que a mucha gente le vaya peor.
Las series tienen quiebres y están señalados. La pobreza aparece dos veces porque el INE cambió la línea en 2017 y las dos mediciones no son continuas. El conteo de delitos alcanzó cobertura nacional recién en 2013. Los datos de percepción mezclan encuestadoras. Donde el quiebre existe está dicho en la fila.
Verificación, no confianza. Cada serie externa fue investigada por un agente y después re-buscada por un verificador independiente con instrucción de descartar antes que publicar: de 49 series, 43 quedaron confirmadas sin cambios, 6 fueron corregidas —casi todas cifras de encuesta— y ninguna sobrevivió sin fuente. Las 4 de compras salen de la propia base del sitio.
Nada de esto dice cómo tenés que sentirte. Los datos contestan «¿cambió?», no «¿alcanza?». Que la mortalidad infantil se haya reducido a la mitad no vuelve aceptable el nivel actual, y que las rapiñas bajen no le devuelve nada a quien la sufrió el mes pasado.